Desde que comenzó el Sudamericano Sub-17, no nos hemos
dejado de sorprender por el talento, personalidad, carácter y entereza de los
pequeños vinotinto. Una derrota en los siete partidos jugados en todo el
torneo, deja claro que Venezuela se preparó muy bien para afrontar el reto y
clasificar al mundial de la categoría.
Lo más sorprendete, es el estilo de juego que implantó
Rafael Dudamel: un esquema de tres defensores, cinco medio campos y dos
delanteros (3-5-2), algo atípico en todas las categorías de la selección
nacional. Asimismo, el entrenador de los pequeños vinotinto estructuró un
equipo sólido, ordenado, correcto y con mucho carácter. Al parecer, esta
selección sub-17 tiene la misma personalidad que el ex arquero nacional.
Cuando analizamos todos los partidos de Venezuela en
el sudamericano encontramos factores
comunes con la selección sub-20 y con la absoluta: una defensa hermética, orden
táctico, un medio campo de mucho sacrificio donde todos defienden y luchan
hasta los balones más difíciles, y dos delanteros élites capaces de mandarla a
guardar en la más mínima oportunidad que se les presenten.
Estas características pertenecen a un estilo de juego,
a una impronta, una marca, un sello que la vinotinto empezó a imponer con la
selección absoluta, desde la llegada de César Farías, y se está transmitiendo a
las categorías inferiores. En este sentido, podemos afirmar con toda seguridad
que Venezuela ha conseguido una identidad futbolística propia. No imitamos el
“jogo bonito” brasilero; no explotamos la velocidad por las bandas como
Colombia o Chile; no realizamos el “tiqui taca” de España; ni tampoco tenemos
un fútbol tan elegante como el inglés o el francés. Sin embargo, tenemos
nuestro propio estilo, de color vinotitno y tan criollo como un pabellón.
¿Cómo juega Venezuela? ¿Cuál es nuestro estilo y las
características de juego? Por primera vez en la historia podemos responder
estas interrogantes. Venezuela juega con fuerza, con garra, así es nuestro
fútbol, como lo denominó Farías en la rueda de prensa posterior al partido
contra Colombia: “con el cuchillo entre los dientes”. Esta impronta
futbolística ha hecho destacar tanto el orden defensivo como el sacrificio de
todos los jugadores del sector medio.
Hay quienes critican el estilo de juego implantado, ya
que no es un fútbol estético, vistoso, y Venezuela no es un equipo arrollador
que golee a los rivales. Sin embargo, es la modalidad que nos ha funcionado.
Jugando de esta manera clasificamos al Mundial sub-20 de Egipto 2009, llegamos
en el cuarto lugar en la
Copa América 2011, y hemos conseguido triunfos históricos
ante Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia, entre otros. Por lo tanto, el
esquema impuesto ha funcionado.
Igualmente, con esa impronta futbolística, los muchachos
de la sub-17 han conseguido clasificar al mundial de los Emiratos Árabes, con
orden, garra y con el cuchillo entre los dientes. Los “Dudamel Boys”, como ya
se les comienza a llamar, han asimilado muy bien el estilo de juego y no solo han clasificado al mundial, sino están a punto de ser los campeones del
sudamericano.
Por los momentos, habrá que esperar los próximos
partidos de la sub-17 y de la selección de mayores para seguir ratificando que
este estilo, el implantado por Farías y Dudamel, es el correcto. Lo importante
es que hoy Venezuela se puede jactar que tiene una identidad futbolística
propia, que se juega desde las categorías inferiores hasta la absoluta.
Seguramente, el fútbol venezolano seguirá cosechando
éxitos, posiblemente iremos al mundial sub-17 y al mundial de mayores, pero la
mejor noticia de todas, es que hay mucho futuro, al menos en el fútbol.
¡Amigos, esto se acabó! Hasta la próxima.
Francisco Xavier Ríos Sperandio
Twitter: @cisco_rios

